Proyectos de "Misión" Juventud Carmelita Ecuatoriana

Con la finalidad de realizar proyectos de solidaridad, acogida y fraternidad con comunidades que lo necesiten, los jovenes que conformamos el JUCAE, queremos compartir con ustedes estas iniciativas y proponerles se nos una como colaboradores.

martes, 18 de enero de 2011

Entervista a Pedro Casaldáliga (Muy Actual)


Pedro Casaldáliga: «A pesar de los frenazos, el Vaticano II fue una revolución histórica para la Iglesia»

Jesús Bastante

(http://www.abc.es/sociedad/noticia.asp?id=224766&dia=06122003)


«La Teología de la Liberación sigue teniendo

validez», señala a ABC Pedro Casaldáliga, quien

critica la estructura del Papado y pide un mayor

compromiso con los pobres

Desde su «retiro activo» en la selva del

Amazonas, Pedro Casaldáliga, el obispo catalán

nacionalizado brasileño «para estar más cerca de

los míos», reflexiona sobre el presente y el

futuro de la Iglesia mientras espera que se le

nombre sucesor. El religioso claretiano sigue

siendo un hombre rebelde y a la vez enamorado de

su fe y la opción preferencial por los pobres.

-Presentó su renuncia a Su Santidad el pasado mes

de febrero. ¿Por qué no se le ha aceptado

todavía?

-Presenté la renuncia el mismo día en que

completé los 75 años: 16 de febrero de este año.

Me fue aceptada el mes de abril. No se ha

nombrado sucesor porque están haciendo consultas,

y las cosas de palacio van despacio. Puede ser

también que ya no me vean tan peligroso

comandando una diócesis.

-¿Ha cambiado mucho la Iglesia desde que se

ordenara sacerdote, hace ahora 51 años?

-Me ordené en 1952, durante el Congreso

Eucarístico Internacional de Barcelona, con otros

800 compañeros. Desde entonces, la Iglesia ha

cambiado mucho. Principalmente, destaco el

Concilio Vaticano II que, a pesar de todos los

frenazos que se han venido dando oficialmente,

significó una revolución histórica para la

Iglesia. Ahora hay mucho más laicado, mucha más

libertad (concedida o conquistada, bien vista o

mal mirada), más ecumenismo, incluso hay diálogo

interreligioso, incipiente por lo menos. Han

surgido nuevas teologías, se tiene conciencia

clara de la necesidad de renovar profundamente el

ministerio de Pedro, la vivencia de la

colegialidad y de la corresponsabilidad, y se

pide cada vez más incontestablemente el diálogo

entre la Iglesia y el mundo.

-¿Se han cumplido las expectativas suscitadas

tras el Concilio?

-Yo viví los años inmediatamente posteriores al

Concilio, como millones de católicos y católicas,

entusiasmadamente. Después he vivido, entre

indignado, rebelde y esperanzado, la involución

eclesiástica, la neurótica pretensión de

desacreditar el Vaticano II, bendito Pentecostés

para la Iglesia y para el mundo.

-Son muchas las voces que hoy solicitan un nuevo

Concilio...

-Soy plenamente partidario de un proceso

conciliar, que significa precisamente mantener

vivo y actualizado el propio Vaticano II. El

proceso que muchos pedimos tiene la voluntad de

responder a los grandes desafíos que se le

plantean a la Iglesia y que la obligan a

evangelizar, junto con las otras Iglesias y con

todas las religiones, las grandes causas de una

humanidad cada vez más globalizada. El Vaticano

II se preguntaba: «Iglesia de Dios, ¿qué dices de

ti misma?». Ahora se trata de preguntar: «Iglesia

de Dios, ¿qué le dices a este mundo?» sobre el

capital y el trabajo, el hambre y el

armamentismo, el consumismo y el tercer mundo, la

familia y la juventud, y sobre ese contingente

enorme de humanidad marginada.

-¿Cuál es su balance del Pontificado de Juan

Pablo II?

-Cuando se trata de calificar la misión del Papa

al frente de la Iglesia católica, es necesario

hablar de la institución del papado. Con cariño y

libertad, hay que condenar tres lacras que

afectan gravemente a nuestra Iglesia y al

ministerio de Pedro: en primer lugar, que el

Vaticano sea Estado y que el Papa sea jefe de

Estado; en segundo término, que el ejercicio real

del papado sea «administrativamente» una

monarquía absoluta; finalmente, ese «papismo»

infantil y hasta adulador con que muchas veces se

encaja el ministerio de Pedro. En la Iglesia de

Jesús han de convivir la obediencia fraterna con

la libertad, la unidad con el pluralismo, la

fidelidad con la inculturación.

-Pero hay que reconocer a este Papa logros

históricos...

-Dicho lo anterior, reconozco sinceramente la

dedicación heroica de Juan Pablo II, su capacidad

de comunicación, su fidelidad a rajatabla.

Lamento la involución que ha propiciado, creando

mucha decepción y repliegue, sobre todo entre los

teólogos, en el mundo de la mujer y entre el

laicado católico más militante. Como obispo,

puedo dar constancia de esa involución en lo que

se refiere a la verdadera colegialidad.

-¿Debería renunciar el Papa?

-Sí, lo he dicho repetidamente. Creo que el

obispo de Roma debería renunciar a tiempo, como

los demás obispos. No me parece oportuno un cargo

vitalicio. Los obispos somos humanos. El de Roma,

también.

-Usted optó desde el principio por los pobres. La

Iglesia de hoy, ¿continúa al lado de los

perseguidos?

-Siempre hubo Iglesia al lado de los pobres. La

mayor parte de las congregaciones religiosas se

han fundado para atender a estos pobres. Lo que

pasa es que no siempre, ni mucho menos, hemos ido

como Iglesia a las causas de la pobreza y la

marginación; nos ha faltado caridad política,

opción estructural. Hemos facilitado la

«convivencia tranquila» de la riqueza con la

pobreza. Hemos canonizado la propiedad privada,

olvidando la hipoteca social que pesa sobre toda

propiedad. El contacto con los más pobres

desinstala, compromete, libera. No es posible

desentenderse de los pobres y de sus causas si se

va a ellos con el Evangelio en el corazón. Los

pobres son los jueces de la Iglesia y del mundo,

y cada una de nuestras vidas será juzgada por

nuestra opción por los pobres.

-Pedro Casaldáliga es recordado como uno de los

«padres» de la Teología de la Liberación. ¿Tiene

futuro este modo de ver la teología en la Iglesia

y en el mundo de hoy?

-La Teología de la Liberación sigue teniendo

validez, tanto en el tercer mundo como en el

primero. Esta teología ha puesto en primer plano

la opción por los pobres, la relación dialéctica

fe-vida, la conciencia de una única historia

humana que es la gran historia de la Salvación,

la fe practicada como autenticidad de la fe

creída, la misma teología como fruto de una

espiritualidad, de un compromiso vital.

-¿Qué hará cuando se haga oficial el nombramiento

de su sucesor?

-Espero mejorar mi condición de cristiano.

Francamente, no sé a dónde iré, depende del

obispo que me suceda. En todo caso, continuaré en

América latina y muy probablemente en Brasil.

-¿Cuál quiere que sea su legado?

-«Dejar legado» es mucha pretensión. Sueño con

que las causas que han motivado mi vida sean

asumidas cada vez más: una Iglesia ecuménica,

servidora, liberadora; el fin de los varios

mundos para que exista un solo mundo humano; la

socialización de los bienes mayores de la

existencia (tierra, comida, salud, educación,

comunicación, libertad...); el diálogo

interreligioso y la gran intersolidaridad

humana...; el Reino de Dios, en fin, ya aquí en

la Tierra, preparándonos esperanzadamente para la

plenitud en el cielo.

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